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martes, 27 de junio de 2017

Para qué seguir escribiendo



Cada mañana me dispongo a escribirte confiado en que mis cartas algún día me devolverán tu paradero. Te he dicho ya muchas veces que mi mayor deseo es que mis palabras te descubran, me definan. Para mí, escribirte es ir tras tu búsqueda, sin saber que tal vez yo sea el león ese que pretendo cazar con tanto acierto.

Esta mañana las palabras se me resisten. Debería no obsesionarme. Buscar otros caminos para llegar a ti, dejar mi mente vacía, no cargar más mi pluma, para que tu puedas entrar en ella libremente.

Introvertido siempre en el enrarecido, oscuro y paranoico ambiente de mis bulliciosos escritos, nunca te doy la oportunidad de que te muestres como eres. La prueba que lo que te digo es la pura verdad, es que llevo más de cuarenta años escribiéndote, y en ningún momento di contigo.

Tan taxativamente me creí aquello de que las cosas son el nombre, que nunca te busqué fuera de las palabras. Ni una sola vez, se me ocurrió probar suerte en el bar, en el cine, en la bolera, en el almizcle de una pantera, o en el sabor auténtico de una marinera murciana con la que un buen amigo acaba de agasajarme.

Si la escritura no me lleva a ti, ¿para qué entonces seguir escribiendo?   

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